¡ADVERTENCIA! Esta publicación puede contener contenido sexual explícito y/o violento.


Sin título


2006


Para efectos de esta denuncia pública que ya prescribió no utilizaré nombres.

Hace 12 años fui violada.

No me gusta recordarlo, no me gusta el contexto porque involucra cocaína y desenfreno. Fui, por tres meses, parte de una especie de juventud extasiada e irresponsable donde no había mañana ni menos noción de los efectos o consecuencias de cualquier acto ilícito.

El personaje en cuestión me pasó a buscar en un furgón y me llevó a una fiesta en una casa de un personaje X en La Dehesa. No habían amigos ahí. Y obviamente estaba drogada.

Cuando el efecto de la coca empezó a bajar le pedí a este tipo que me diera más, por lo que nos dirigimos a un baño. Jalamos y me agarró, sin permiso. Le respondí inmediatamente que me soltara. No lo hizo, me forcejeó, me bajó los pantalones contra mi voluntad, me apoyó contra el muro de la ducha, me lo metió. Me violó. Imploré que me soltara hasta que, en una última instancia me callé, sucumbí.

En algún momento de estas súplicas alguien debe haber escuchado ya que varias personas tocaban la puerta y trataban de entrar preguntando si estaba todo OK. Al salir, mi victimario y yo, nos encontramos con eso de 7 personas con cara de preocupación. Dos de ellas eran conocidas, compañeros de la universidad. Una me preguntó si estaba bien a lo que respondí que sí. Que no había pasado nada. Me senté en un sofá, llamé a un radio taxi y me fui a mi casa donde juré que nunca más recordaría esta historia. La sepulté… hasta hace poco.

La otra cara conocida resultó ser pololo un par de años después. Un día, conversando de este tipo comenté que no me gustaba, que tenía mis razones. Él me argumentó a su favor a lo que respondí tajantemente que él no sabía lo que me había hecho. Enojado me miró y dijo “no quiero saber, si te pasó algo con él, es culpa tuya.”

Culpa mía… Culpa mía.

Sigo sin poder perdonarme haberme expuesto a ese ambiente, a esa droga, a esa persona que se aprovechó de mí. Que abusó de mi. Que me violó. Sigo sin perdonarme aceptar las palabras de ese ex pololo, cómplice de un violador, que en vez de defenderme, me responsabilizó de un abuso. Sigo sin perdonarme mi silencio, mi dolor. Dejando una vez más pasar una situación límite sin voz para defenderme.

Hoy puedo decir “me violaron”. Y ese simple acto saca de las tinieblas este secreto tan bien sepultado y le da es aire necesario para que se limpie y pueda empezar el camino del perdón.

Y a él… que las vueltas de la vida le hagan pagar el daño que generó. No sólo a mí, sino a todas las que sé que vivieron este tipo de abusos. Sé que hay más mujeres.

Atrévanse. Hablen.