¡ADVERTENCIA! Esta publicación puede contener contenido sexual explícito y/o violento.


El victimario ¿puede cambiar?


2018


No había tenido sexo con un hombre hasta conocer a quien es ahora mi novio. La primera vez que salimos tuvimos un acercamiento sexual intenso, todo con respeto. Con el tiempo sentí que eso se iba perdiendo, yo no quería tener nada, ningún tipo de actividad sexual, pero cada vez que se acercaba insistía en eso, ya no tenía ganas de besarle porque cualquier caricia podía desembocar en su insistencia. Siento que haberme presentado así en esa primera cita le hizo creer que podía acceder fácilmente, pero no era así, sin embargo siempre me respetó cuando le decía que no. Una vez me estaba tocando la zona vaginal y estaba bien, pero sabía que eso haría que él quisiera más, por lo que después de unos segundos le dije que no, que parara, y no lo hizo. Me asusté demasiado y me puse a llorar, él se detuvo de inmediato y me pidió disculpas harto rato, me decía que para él era normal, le costaba actuar distinto, que estaba acostumbrado con sus ex parejas a tener sexo continuamente. Allí le confesé que un familiar había abusado de mi reiteradamente cuando era una niña. Un día salimos a beber y sentí muchas ganas de estar con él, sería mi primera vez, y si bien yo quise, me di cuenta en el momento que no me gustó, no me gustaba, no me gusta y ya ni me acuerdo como fue. No podía parar de gemir del dolor y él lo interpretaba como que me gustaba, no fui capaz de decirle que no, pensé que era normal, que pasaría pronto, pero no fue así. Al día siguiente me sentí fatal. Lo mismo pasó una segunda vez, esta vez sin condón, y más ebria de lo que me hubiera gustado, pero no le importó, yo era la que se había insinuado ante él. Lloré en mitad del acto y se disculpó, sin embargo continuó hasta que le pedí que no siguiera (como si las lágrimas no hubieran sido suficientes). Terminé muy adolorida física y emocionalmente. Perdí todo deseo sexual con él y todo se había vuelto más difícil, él estuvo un par de meses muy deprimido por la depresión, junto con la universidad y demás. Él se molestaba cuando le decía que no podía acercarme sexualmente, se ponía a llorar, etc. Un día, llorando, le pregunté por qué le tomaba tanta importancia al sexo, y de un momento a otro lo comprendió, y me pidió perdón otra vez. Tuvimos un par de encuentros sexuales (masturbación) pero siempre hacia él. Yo no quería. Perdí la confianza, no me sentía segura al dormir en su casa. Decidí cortarlos y dejó de insistir, no volvió a intentarlo. Las cosas se tornaron difíciles por otras aristas, pero en unos tres meses la situación se había estabilizado. El tema no se había tocado hace varios meses. Ahora, hace menos de un mes, comencé a acercarme sexualmente hacia él otra vez, a gusto, sin embargo, con un poco de miedo por los recuerdos de infancia que a veces vuelven. Me he sentido bien, accedí a tener sexo con penetración una vez más, sobrios y conversado, para darme cuenta que de verdad no me gusta y no puedo. Le pedí que no volviéramos a tener sexo de ningún tipo si bebíamos alcohol, accedió con gusto. Aún nos estamos descubriendo, pero recuperé mi confianza en él, puedo dormir tranquila en una misma habitación, bañarnos juntos, tomar alcohol, jugar con nuestros cuerpos y sé que no va a insistir. Estaba decidida a tener una relación asexual o terminar con él si eso no funcionaba, no dejaré nunca más pasar una situación así, pero no ha sido necesario. Aún faltan cosas por sanar y ser conversadas que con el tiempo lograré expresar. He compartido relatos de la página, y de otras, difundiendo que el abuso en en el pololeo sí es real. Creo que, gracias a este tipo de iniciativas todes hemos aprendido un poco más, especialmente las víctimas en darnos cuenta de la realidad, de enfrentarla, de reconocerla y de sanar, y en los hombres principalmente a replantearse sus acciones y visiones que llevan desde su educación machista y patriarcal. Le doy gracias a ustedes, a este proyecto a los otros similares, porque su labor es demasiado importante y causa mucha repercusión que termina en grandes aprendizajes.


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