¡ADVERTENCIA! Esta publicación puede contener contenido sexual explícito y/o violento.


El tiramigo


Eramos compañeros de universidad. Él ya había egresado y yo estaba en mis últimos años. Era simpático, "buena persona", atractivo, teníamos química y regaloneabamos. Nos teníamos cariño y no era una relación exclusiva, a ambos nos acomodaba eso. Siempre nos juntábamos en su casa a conversar, fumar y tirar, más que nada a tirar. La mayoría de las veces sin condón, hasta que le dije que teníamos que usar y se ofendió, pero entendió.

Las últimas veces que nos juntamos me empecé a dar cuenta de que ya no tenía los mismos deseos que antes. Quería verlo, conversar, regalonear, pero sin tirar. Cuando me hablaba para vernos, le decía que no quería tirar, me respondía "obvio, podemos solo regalonear". Esas veces empezábamos haciéndonos cariño, él se barseaba y yo le recordaba que no quería tirar, entonces ahí él empezaba con cosas como "hace tiempo no nos vemos", "he estado solito mucho tiempo", "necesito un cariñito", "extraño tus manitos ricas", "podemos tocarnos sin tirar". El loco no quería entender. Entre cariño, manipulación y hostigamiento al final terminaba cediendo. Cediendo mi cuerpo, cediendo mi autonomía, cediendo mi valor como persona. Igual disfrutaba, pero tenía que hacer un esfuerzo por "concentrarme y querer disfrutar" no era un disfrute genuino. Cuando terminábamos yo quería dormir, el empezaba a mover la cama, hacer ruidos o hablarme. Claro, si yo iba a estar ahí, tenía que estar pendiente de él para satisfacerlo. Que no se me ocurriera satisfacer mis deseos de no querer tirar, de querer descansar un rato y dormir.

Me di cuenta de lo rancias que se estaban volviendo nuestras dinámicas, pero lo seguía viendo. Al final, igual me daba cariño y eso era lo que buscaba.

Una de las últimas veces que le dije " es que te barseai po, no te dai cuenta" a lo que me responde "tu eri la barsa" no lo dijo, pero entendí que se refería. Él me invitaba a su casa, me invitaba a fumar, a veces comida y alojamiento. Claro, como ya no quería tirar, su inversión no estaba siendo recompensada, entonces yo era la barsa. No sé que pasó, tal vez me quise un poco más y decidí no volver a verlo. A los meses, yo reía mientras veía que compartía publicaciones feministas, incluso unas que hablaba sobre consentimiento, el usar condón y las relaciones responsables.

JÁ.


La tiramiga